VEO

Veo porque tengo educación visual y soy capaz de discriminar la mancha.

No me refiero a la mancha ética de una sociedad enferma en la que machaconamente la mujer sigue denostada, vilipendiada o cosificada. No a esa mancha hipócrita en la que se hace gala de apoyo de “género” (como si el género fuera eso que se coloca en los mostradores del mercado y no incluyera al hombre o la mujer), por la que se ponen en marcha ayudas, tanto económicas como socio-institucionales, se generan charlas con términos como feminazi o monoparentalismo.  No a esa mancha.

Nunca antes en nombre de la igualdad se empujó a las mujeres a ser las Top Ten de lo más de lo más, pidiéndoles de una manera subterránea y turbulenta que se convirtieran en la vanguardia de su empresa, en la máxima representación teatral del estúpido éxito contemplado por un capitalismo cada vez más podrido, combinado artísticamente con una maternidad gloriosa en la que se pueda dar conciliación para la pareja y la intimidad, tiempo para una misma, dedicación al hijo, que es muy importante para su futuro, atención a la familia, cuida de tu madre, cuida de tu padre y de tu hermano menor, que el pobre aún no ha encontrado trabajo aunque habla tres idiomas y su licenciatura en derecho tiene la especialidad de Penal.

Tú sí, tú trabajas porque te licenciaste en Filosofía, que era una “María” y no tenía futuro, pero trabajas porque tienes la responsabilidad de hacerlo, el compromiso con todos y sobre todo contigo, de demostrar la independencia de la que haces gala, ya que eres una mujer de bandera.

 Bien, pues tampoco me refiero a la otra mancha, esa que es mancha sobre mancha, que se itera sola porque es la hipocresía de una denuncia falsa y que esgrimen muchas mujeres, hartas o no de la situación y que contiene un arma dentro del arma, ya que se encañona a sí misma, procura pérdida de credibilidad y debilita a las mujeres desfavorecidas realmente.

Qué estúpida es la estupidez, qué arrogante la ignorancia.

Y que en lugar de hacer equipo, se sea rival, se escinda entre el compromiso y la víctima… no, no, las mujeres somos mucho más que eso. Hago un llamamiento a la unanimidad, al orden, al sentido común para no dejar que unas cuantas agravien al resto, ya que eso es lo que esgrimen los malvados. Callemos sus bocas.

Seamos feministas, pero de verdad, defendamos con la razón en la mano, no defendamos lo indefendible. Ser corporativo está bien cuando nos acompaña la lealtad.

 Bien, pues no me refiero a ninguna de esas manchas, sino a la pictórica; aquella de la que nacen las formas más imprevistas; y me comprometo a hablar de ella próximamente