El dolor

 

El dolor es una fuente de aprendizaje, dicen.

No sé si será siempre así, se aprende del dolor, sí, se exploran los límites a los que podemos someter a nuestra mente y nuestro cuerpo, incluso a ese “espíritu” que aún no sabemos si existe o si no, si se llama “alma” o no, pero me pregunto si el pretendido destino o karma, o razón de ser, como quiera que se llame, ha tenido en cuenta algún otro tipo de hontanar para desarrollar esa capacidad o esa habilidad tan humana.

Podría llegar el crecimiento, por ejemplo, por la afición a la botánica, por la capacidad de soñar, podríamos exponer nuestros sueños en un salón de actos a fin de compararlos y votar por lo más originales o los mejor urdidos, para comprobar y para sacar conclusiones didácticas que nos dieran un empujón maternal a fin de no volver a cometer los mismo errores, no tropezar con la misma piedra y todos esos manidísimos blablás.

Pero hete aquí que seguramente el dolor es un maestro esencial que nos baja a las profundidades de nuestras dudas y logra descifrarlas y logra conclusiones ¿será que el dolor es reflexivo?¿pero no era una sensación involuntaria?¿es voluntaria la reflexión?

Es verdad que en situaciones de alegría desboradada, fanática, histriónica, también se experimenta algo parecido al dolor, pero ¿es igualmente didáctico ese momento de serotonina y oxitocina y todos esos manidísimos blablás?

Sé por experiencia que la adrenalina no es fuente de aprendizaje, sino el lugar donde volcamos nuestras frustraciones y nos hace volar durante unos segundos. También sé que el placer no perturba, nos da el bienestar necesario para olvidar el resto del mundo y, en esta circunstancia ¿quién quiere aprender, quién necesita otro desarrollo que el que ya le otorgan sus sentidos?

Ciertamente, cuando el dolor oprime es cuando el cuestionamiento vital sobreviene de manera inexorable, ataca por la retaguardia sin que se le espere, amenaza con colmillos brillantes y destellos del malo del cómic.

Entonces cómo no afrontarlo tan solo con girarnos y ver que la resistencia está presente.

No se trata de buscar el dolor como Academia, no se trata de emplazarlo y quedar con él a las 21’10 h. en la esquina al lado de la cafetería, ya sabemos que el dolor va a llegar aunque pensemos que a nosotros no, pero sí sería conveniente aunque para nada sirva, pensar si vamos a salir corriendo, si vamos a entregarnos a sus demandas o si nos vamos a pegar con él en una colosal batalla donde ya sabemos que salimos perdedores… o no.

Tal vez lo único que nos queda para pensar que le ganamos, es procurarnos una porción de aprendizaje. Y darle las gracias al canalla.