Huele a tierra mojada, a sotoboque del mediterráneo, un olor peculiar que me recuerda una infancia alegre y sin preocupaciones, de diversión continua, en un pequeño camping de la costa catalana que estaba situado entre pinares y el mar. Me recuerda a esos días de lluvia de verano donde el olor a tierra y hojas húmedas lo envolvía todo y convertía el día de playa y piscina en juegos de mesa entre niños y mayores. Me transporta de forma mágica, a momentos de felicidad familiar, huele a ingenuidad.
Curioso, pero cierto, que el olfato nos puede teletransportar en la memoria a cualquier instante vivido e incluso hacernos sentir como en aquellos, y también es cierto que quizás es el sentido olvidado y abandonado que menos nos preocupamos por desarrollar.
Y no habría ninguna singularidad en este aroma sino fuera porque pertenece a un vino, peculiar y elegante, como es el Manzanilla Maruja Pasada, un vino meloso y coqueto que se convierte en una sorpresa continua.
Maruja Pasada pertenece a las bodegas Juan Piñero, del viñero de Pago del Hornillo en Sanlúcar de Barrameda. Sistema de 3 criaderas (más criaderas y soleras de Maruja) con 2 sacas al año y una producción de 2.000 botellas.
Tiene una vejez media de más de 8 años, elaborada por medio de un sistema muy dinámico con sacas muy pequeñas para favorecer la longevidad del velo de flor, eso es lo que motiva su singularidad, y le hace lucir un color amarillo dorado, con reflejos yodados y brillante que llama muchísimo la atención.
Hay que darle tiempo para que abra, entendiendo que ya tiene una edad considerable, pero cuando eso sucede exhala un abanico de aromas a pan tostado, miel, curry y cómo no, sotoboque del mediterráneo. No es fácil entender que una manzanilla pueda tener esta complejidad y a la vez esa facilidad para tomarla. Cerrar los ojos y disfrutar de su aroma no deja a nadie indiferente.
En boca, es una manzanilla reconociblemente salina y mantecosa, un trabajo de cabezuelas (crianza sobre lías) que la dota de un volumen inusual para ese tipo de vino.
Hablamos de un caldo luchador cuyo envejecimiento ha ido más allá de la vida natural del velo de flor.
Hablo de un vino maduro que me recuerda a niñez.