Siempre pensé que la vida era como una red de carreteras dónde vas circulando y a medida que los kilómetros pasan, te vas encontrando distintas salidas.

Hay momentos en los que circulas por una autovía, la vida te sonríe es amplia y sin muchos sobresaltos ni emociones, pero es cómoda a la vez, puedes vivir más rápido aunque eso no signifique que lo disfrutes más, tienes menos paradas y posiblemente menos distracciones, puede llegar a parecer monótona en ocasiones, pero es cómoda. De igual manera en otros momentos vives en similares características pero con peaje, autopista, quizás el precio que uno paga por vivir en una rutina, no siempre es agradable aunque muchísimas veces es necesario para poder, con el tiempo, elegir un camino, es un oasis de pago que te permite decidir.

Cuando a veces nos salimos de esa zona de confort, nos adentramos en las carreteras, menos amable, más irregular, mucho más peligrosas pero con otros alicientes, dejamos ese tranquilidad de lo conocido y nos adentramos en un paisaje sorprendente que nos permite desviarnos del camino de forma más natural y que para gente como yo, curiosa por naturaleza, puede llegar a ser un vicio y que nos haga perder un poco donde está el final al que queríamos llegar para quedarnos con lo atrayente del desvío.

Esta idea de una vida en movimiento es la que me ha llevado durante estos 40 años, casi siempre por carretera, a vivir investigando en la multitud de cruces, a estar demasiadas veces en la duda de que camino coger, pero siempre llena de todo lo que durante en viaje he aprendido y sentido. Pocas veces en estos años he circulado por autovía y demasiadas en autopista, hasta que asumí que lo de pagar peajes había que hacerlo pero sin acostumbrarme y sin creer que era imprescindible.

Pero ahora… me doy cuenta que quizás a veces te detienes y la vida no circula, siento que estoy sentada en una estación y que no soy yo la que viaja a través de las carreteras sino que estoy inmóvil… a la espera …. Sabiendo que a las estaciones llegan trenes que solo pasan una vez, que aquel que cojas te llevará a un lugar diferente y que esta vez, aún pudiendo cambiar a posteriori el rumbo, no es tan fácil puesto que deberás de espera al próximo tren para enmendar los errores.

Espero en la estación y mi cabeza no para de pensar que tren vendrá, si el próximo será el correcto o quizás aquel que deje pasar era el idóneo.

Esa es la diferencia de vivir entre carreteras o estaciones. Mientas en la estación esperas puedes meditar, algo positivo, pero también regodearte en fantasmas propios, disfrutas más del camino pero no hay desvíos, todo empezará cuando llegues a tu destino. En la carretera estás más pendiente de lo que te rodea, puedes pensar menos, pues tú mente debe de estar más pendiente de los cambios y disfrutas menos del camino ya que llegar es el principal fin siempre que en el camino no encuentres un desvío interesante o un error de saque de ese a otro.

Todo pasa por algo así que aunque siempre pensé que estaría en carretera, ahora que me veo en la estación, cultivo mi paciencia, para entender que es momento de parar y esperar ese tren que me permita llegar a ese lugar donde retome mi camino por carretera.