LOS IDUS DE MARZO

Los idus estaban consagrados a Júpiter, el dios supremo de los romanos, y el sumo sacerdote de éste llevaba "la oveja de los idus" en procesión por la Vía Sacra hasta el lugar donde era sacrificada, para enterrar el pasado y celebrar el futuro. Igual, sacrifico yo esta noche los verdes y los azules en las trenzas de la lluvia y voy enhebrando la vida, gota a gota, en los últimos suspiros del almanaque.

Hoy, se me olvida la memoria, mi mente está anclada en el punto ordinal u ordinario de la muerte. Este mes, cuando los idus florecen en el augurio de las olas milenarias del tiempo, yo, comienzo la batalla contra su espuma y la sangre cuelga a jirones del presente sin presagiar un vértice de futuro.
Hoy, ante el potro desherrado de la tierra, me he sentido como Julio César, cuando el día de su muerte iba hacia el Senado y se encontró con un vidente al que le dijo sonriendo: " Los idus de marzo ya han llegado"; y el vidente le contestó; "Si, pero aún no han acabado". 

Cierro los ojos para borrar con mis párpados las palabras, o la palabra, la exiliada, y se vuelve arena en mis pestañas y guijarro en una lágrima que se resiste a su destino, y me convierto en el chivo expiatorio de los antiguos rituales griegos, y viste mi piel de años, y apalea mi cuerpo hasta expulsar los demonios del pasado, llevándose mi mortaja en su lengua, quedando  mi cuerpo desnudo, como una ortiga de sal.

Camino entre los juncos de la vida, el lodo y el infierno encienden mis pies ante un camino que sólo tiene nombre, donde he sido olvidada por aquellos que en las risas me ofrecían sus ojos y sus voces.

¿Con qué duelo agasajarán mi olvido?.  Yo, que con mis manos forjé el ánfora de tantas historias.
Sólo tengo la promesa del espejo y el dolor de la rosa, para estar junto a tus libros, a tu reloj de bolsillo y a tus versos, descansando en el aullido de los perros, que aman a tu Luna.