LOS CUENTOS DE LAS ISLAS TROBIAND

En el sótano de un chalet, de una señora aburguesada, largas hileras de libros vivían en estanterías. Poseídos por el blanco perfume del olvido, mostraban sus lomos lacerados, esperando la mano generosa que sabe acariciarlos. De mis pocas incursiones a aquel sótano, pintando de verde inglés, sólo pude subir a la luz del día dos obras: los cuentos completos de Edgar Allan Poe y el tomo por el que el antropólogo polaco Bronislaw Malinovski me llevó de viaje a las Islas Trobiand, un archipiélago de coral al N.E de Nueva Guinea. Al término de esta última y exquisita lectura, valioso estudio acerca de las vidas de los habitantes de estas islas, tuve dos certezas. La primera fue igual a la que experimenté acabada mi aventura en La isla del tesoro y la segunda, delineó para siempre en mi memoria a los trobiandeses y su particular y bello arte de los cuentos y, justo es, al afamado doctor Malinovski, creador de la escuela funcionalista. Como consecuencia, transcribí con entusiasmo las notas que siguen de aquel libro olvidado por su dueña y aquí le hago justicia y rindo homenaje, no sólo por su didáctico contenido, sino también para tenderle a aquel volumen húmedo e ignorado, un sostén, una cuerda hacia la luz para la que fue impreso. Hoy, feliz como quien dispone una fastuosa mesa de domingo, comparto lo que de él más llamó mi atención y añado mi alegría por saber de aquellas maravillosas historias. Aunque tomé nota del título de mi lectura, no consigo recordar la edición de la cual saqué mis notas, porque existe una primera en español, del año 1973 y otras ediciones posteriores, anteriores todas ellas a la que Planeta-Agostini realizara en 1986. Segura de que no se trataba de ésta última, sino de una de las que en nuestro idioma se editan a partir del año 1973, os diré que mucho la disfruté y bastantes días hubo de acompañarme. Su título: Los argonautas del Pacífico Occidental, un exhaustivo y veraz artículo antropológico que se había publicado en Londres en 1922, con el título Argonauts of the Western Pacific, por la editorial Routledge and Kegal Paul. De la bibliografía que en el libro se menciona, anoté el título de dos volúmenes: Melanesians of British New Guinea (Melanesios de la Nueva Guinea Británica) Cambridge, 1910, del profesor Charles Gabriel Seligman y que muestra la relación de los trobiandeses con las otras razas y culturas de  Nueva Guinea y alrededores. El otro título Spirits of the Dead in the Trobiand Islans  (Baloma, los espíritus de los muertos en las Islas Trobiand), Journal of the Royal Antropological Institute, 1916.

“[…] la tribu melanesia de Nueva Guinea, dispone del propio mundo vivo que ha dado nacimiento al mito, realidad viviente. El mito es para el salvaje como la biblia para el cristiano. Es la resurrección de una realidad primitiva por medio del relato. Cumple una misión indispensable: expresa, exalta y codifica las creencias; custodia y legitima la moralidad, garantiza la eficiencia del ritual y contiene reglas prácticas para aleccionar al hombre. No sólo entendamos el mito, sino también qué es el cuento de hadas, la leyenda y la crónica.

[…]A finales de noviembre comienza la estación de las lluvias. Hay poco que hacer en los huertos; la pesca no demanda todavía gran actividad y la navegación de altamar se perfila lejana. En cambio, aún no se ha disipado el humor festivo de las danzas y convites de la cosecha. Se concentran junto al fuego y no se tardará en que alguien pida un cuento, porque ésta es la estación de los cuentos de hadas; en esta época, un tipo especial de cuento popular, llamado “Kukwanebu”. Una creencia vaga dice que el recitado ejerce un influjo benéfico en los sembrados nuevos del huerto. Para producir el efecto deseado, la recitación ha de terminar con una cantinela en la que se hace alusión a ciertas plantas silvestres muy fértiles: las “kasiyena”. Cada cuento sólo puede ser narrado por su dueño, le pertenece, aunque puede cederlo. Gesticula, cambia la voz, entona las partes cantadas […] si se le sustrae de su medio se torna inanimado. Es ficción.

“Libwogwo”, otra clase de cuentos para los que no hay estación apropiada, ni modo estereotipado de narración; en los que la relación no es un espectáculo ni obra mágicamente. Son más significativos, porque se los cree verídicos y la información que contienen es más valiosa y notable. Un anciano contará tal vez sus propias experiencias en combates y expediciones en famosos hechos de magia o hazañas de gran provecho económico, a las que añadirá reminiscencias de su padre y cuentos y leyendas que recogió de oídas y cuya transmisión ya es obra de muchas generaciones: grandes inundaciones y hambres asoladoras y la descripción de las tribulaciones, luchas y crímenes de la población exasperada. Algunas han tomado forma de cantares, otras de leyendas históricas, canto y danza. Mares lejanos, peces y pulpos monstruosos, peñas saltarinas y hechiceros disfrazados, videntes y visitantes del país de los muertos… Podrían subdividirse así: el “relato histórico”, presenciado por el narrador o certificado por alguien que merece fe por su buena memoria, “la leyenda”, en la que se ha roto la continuidad del testimonio, pero que cae dentro del tipo de los acontecimientos que normalmente integran la experiencia de los nativos. “El “relato de oídas o la voz de la fama”, que versa sobre países distantes y sucesos antiguos de un tiempo fuera del ámbito de la cultura actual. Para los nativos, estas diferentes clases se confunden imperceptiblemente y todos estos cuentos reciben idéntico nombre “libwogwo”. Todos se vinculan con sus actividades, tales como ganancias materiales, guerras, aventuras, éxitos en la danza o en el intercambio ceremonial. Pero sólo en la comparación de los relatos sagrados o mitos (la tercera clase de narraciones y también la más importante), con las leyendas, se destaca con relieve propio la naturaleza de las tres clases. La tercera clase de relatos, llamada por los nativos “Liliu”, ocupa un lugar bien aparte de las otras dos. Los relatos de la primera clase, sirven de entretenimiento; los de la segunda, satisfacen ambiciones sociales y los de la tercera, son mirados no sólo como verdaderos, sino también como venerables y sagrados, desempeñando un papel cultural muy importante.