PENA DE AMOR

“Lo importante es revelar belleza y solo se puede revelar belleza que uno ha sentido”
     Borges

El amor se siente o no se siente, está o no está. Y no puede forzarse, esto es indiscutible. Nadie puede obligarnos a amar. Elegimos nosotros, y también somos elegidos. Para ello es preciso saber mirar, conocer y mostrar cierta predisposición al enamoramiento. Dejar caer los brazos, relajar los músculos del alma y respirar. Solo así es posible reconocer las palabras que aletean dentro, para concederles el sitio adecuado fuera. El amor también precisa de cierto dolor. Solo presentir la pérdida invade los huesos de vértigo y frío. La pérdida, o todo lo que nos aleja irremediablemente de aquello que tanto se necesita.

Por ello, y como catarsis, me permito presentarme ante ustedes con este artículo, muy personal, en el que les hablo de amor, sí, pero de amor a la poesía, el género más denostado, más criticado, pero también, y de forma paradójica, el género más desconocido. Puedo asegurarles como poeta y docente que cuando a los jóvenes se les da la oportunidad de conocer la esencia de lo poético, caen en el “vicio” de jugar con el verso, domar el lenguaje y elevar los sentidos para atrapar una imagen, un sabor, una sensación. Y disfrutan, ya lo creo que sí. ¿Y qué es lo que duele entonces? Precisamente que se les niegue por sistema elegir y llegar a otras expresiones de la Literatura que la establecida en obsoletas y aburridísimas programaciones didácticas. Sé de lo que hablo. Si a esto añadimos los prejuicios de muchos profesores en algunos (muchos) departamentos de Lengua Castellana y Literatura. Un mal profesor puede cortar las alas de cientos de chicos y chicas que podrían haber sido magníficos autores de poesía. Un buen profesor debe regalar todos los recursos a su alcance para predisponer a su alumnado al enamoramiento. Pero el desconocimiento y el bloqueo ante lo nuevo o diferente, en buena parte de la docencia pesan al caminar como un saco de piedras atado al tobillo. En carne propia he vivido, como alumna y ahora, como docente, el ninguneo doloroso que sufre la poesía, y he sufrido al ver cómo hasta la saciedad se repite subliminalmente o a las claras que la lírica no sirve para nada. El otro día, sin ir más lejos, se organizó en mi centro educativo una jornada sobre novela negra, con bombo, boato, y muchísimo interés. Para que los alumnos “valoraran” la actividad, debieron pagar una cantidad simbólica, y como si de la entrega de premios de cine se tratara, allí estuvimos, escuchando a autores desentrañar los secretos de su éxito comercial. A la compañera en cuestión le propuse organizar algo similar con buenos poetas, a lo que me respondió que los alumnos se aburrirían, que la poesía no les interesa por normal general si ésta no se encuentra en Youtube.

Aunque no se lo dije, discrepo profundamente. Estos chicos tampoco conocían a estos autores exitosísimos y líderes de ventas, pero desde el departamento (o más bien desde el entusiasmo de una sola persona) se procuró “meterles por los ojos” este tipo de lectura. ¿Por qué no hacer lo mismo con la poesía actual? ¿Por qué no “vender” poesía a los más jóvenes, plantando esa semilla desde la ilusión? ¿Por qué no trabajar la sensibilidad, el ritmo, la pasión por el lenguaje en el género más puro? Quizás porque la poesía no se conoce, y por eso, no llega, y por eso, los libros de poesía no se venden como churros, porque no son churros.

Nadie puede obligarnos a amar, pero sí debemos enseñar a los lectores nuevos y no tan nuevos, a abrir los sentidos y la mirada, porque la poesía no es tan difícil, no es tan lejana ni tan hermética. Queda por hacer, y es posible retomar las buenas costumbres. De momento, para aliviar las penas de amor y lamerme las heridas, centro toda mi atención en esos niños y niñas que encuentro aquí y allá, en primaria, en secundaria, en bachillerato, que sí valoran lo que venimos algunos locos a decirles, y transforman la realidad en la que viven en pura belleza en letras de rap, por ejemplo. Y es que nadie puede obligar a nadie a amar la poesía, pero cuando se la conoce, no hay camino de retorno que no atraviese, de forma obligada, todas las formas del amor.