El extraño animal

 

 

Un escenario negro y en el centro una silla. No es necesario más para escuchar la voz. Todo fluye.

Primer acto

 

Magdalena es una chica joven. Va vestida de azul. Llama a la puerta.

 

Magdalena.-¿Puedo pasar?

El animal.-Bueno.

Magdalena.-Está bien, paso.

El animal.- Esto es la nada.

Magdalena.- ¿Cómo?

El animal.- Nada. Sencillamente que esto es la nada.

Magdalena.- Esto es la repanocha.

El animal.- ¿Qué?

Magdalena.- Pues eso, que esto es la repanocha viva.

El animal.- Dirás la repanocha muerta, ¿no?

Magdalena.- Sí

El animal.- ¿ y… por qué sí?

Magdalena.- ¿Y por qué no?

El animal.- No sé.

Magdalena.- Pues, entonces, esto es la repanocha muerta.

El animal.- ¿A qué has venido?

Magdalena.- Pretendía encontrarte.

El animal.- ¿A mí?

Magdalena.- Exactamente eso.

El animal.- Exactamente eso en un mundo inexacto.

Magdalena.- Inexactamente  cierto. Exactamente eso.

El animal.- Bueno, pues aquí estoy.

Magdalena.- ¿Dónde?

El animal.- He dicho aquí.

Magdalena.- Pero… ¿dónde es aquí?

El animal.- No puedo definirlo, está oscuro.

Magdalena.- Te oigo por el fondo.

El animal.- Esto es un lugar frío.

Magdalena.- ¿Como cuánto de frío?

El animal.- ¿Con respecto a qué medida base?

Magdalena.- No te entiendo.

El animal.- ¿Pretendes analizar el frío desde el punto del frío o de la noche?

Magdalena.- La noche es más bella, infinitamente más bella.

El animal.- Luego quieres que sepa el valor infinito de este frío…

Magdalena.- Si lo crees tú así… Yo vine para verte.

El animal.- Pero la forma se oculta entre las formas en tanta oscuridad.

Magdalena.- ¡Bueno!

El animal.- Yo tampoco te veo.

Magdalena.- Soy alta, delgada, preocupada y dócil. No tengo otra estructura.

El animal.- Yo no soy.

Magdalena.- Eso es inaudito.

El animal.- No, inexactamente, esto es el envés,

Magdalena.- ¿El qué, no he oído?

El animal.- ¿De qué huyes?

Magdalena.- He dicho, oigo.

El animal.- ¿Qué oyes?

Magdalena.- No oigo nada sino tu sola voz.

El animal.- Ahora mismo no estoy solo.

Magdalena.- Casi.

El animal.- ¿Cómo casi?

Magdalena.- Te crees que yo soy mucho más que tú eres?

El animal.- ¿Bajo qué prisma?

Magdalena.-Encima de mí, ahora, sólo existe un telón.

El animal.- Pues déjalo caer y salte fuera. La oscuridad no es el juez más adecuado.

 

Segundo acto

 

Se enciende una luz. Una bombilla sola que flota entre lo negro. Abajo, en el centro del todo, sigue habiendo una silla. Frente a ella, un espejo. Antes no se veía. Voces en off.

 

El animal.- Estoy solo.

Nadie.- Siempre has estado solo.

El animal.- Antes estaba ella.

Nadie.- No he visto a nadie.

El animal.- Nadie eres tú.

Nadie.- Sí, lo sé, pero me refería a ella.

El animal.- ¿Cómo hablas de ella si acabas de decir que nunca has visto a nadie?

Nadie.- Yo nunca dije nunca.

El animal.- ¿Entonces, antes de antes has podido verla?

Nadie.- ¿Antes de antes, cuándo?

El animal.- Antes de esta oscuridad.

Nadie.- ¿De qué oscuridad me hablas? ¿No has visto la bombilla?

El animal.- Antes no estaba la bombilla.

Nadie.- ¿Y, por qué dices bombilla si no la has visto antes?

El animal.- Entonces me aseguras que no has visto a la muchacha.

Nadie.- Lo mismo que ahora mismo tú no has visto la luz.

 

(Se apagan las voces y la luz).

 

Tercer acto

 

Se oye un estruendo de cristales. Suponemos que el espejo se ha roto. La voz de Magdalena aparece en escena. Anda un tanto nerviosa. Se acerca hasta el interruptor y conecta la luz. Realmente el estruendo ha dejado esparcido aquel espejo. Queda un trozo pequeño engarzado en el marco.

 

Magalena.- Qué horror. Siete años y un día de desgracia absoluta.

Voz desde el suelo.- Peor es para mí.

Magdalena.- ¿Cómo dices y qué crees o quién eres, más bien?

Voz desde el suelo.- Soy la parte de él.

Magdalena.- ¿La parte de quién?

Voz desde el suelo.- La parte del animal que vivía en la luna.

Magdalena.-¿En qué luna?

Vos desde el suelo.- En la luna de azogue del espejo.

Magdalena.- Esto es una utopía. No habita nadie en los espejos.

El animal.- Eso es falso. Habito yo.

Magdalena.- Y… ¿quién es yo?

El animal.- Pregúntate a ti misma.

Magdalena.- Yo no sé contestarme.

Voz desde el suelo.- Eso es otra desgracia.

Magdalena.- Tú eres la boca extraña desprendida de ese animal inexistente.

Voz desde el suelo.- Si fuera inexistente no tendría una boca.

Magdalena.- ¿Entonces por qué hablas?

El animal.- Aún es más increíble que hayas venido a verme si crees que no existo.

Magdalena.- Pero escuché tu voz.

Voz desde el suelo.- ¿Cómo se puede oír aquello que no habla?

Magdalena.- Pues no sé, pero se oye.

Voz desde el suelo.- Por esa misma regla, yo soy la justa parte del animal del vidrio.

Magdalena.- Al fin hallo justicia en algún lado.

Voz desde el suelo.- ¿Cómo dices?

El animal.- Creo que está soñando.

Voz desde el suelo.- Yo, antes, fui espejo.

El animal.- Estabas comprendido en el frío no ser  de este espejo.

Voz desde el suelo.-Tú no existes, yo he logrado escapar de tu no existencia.

El animal.- Tú, ahora mismo, estás muerto.

Voz desde el suelo.- No importa cómo esté, pero ahora existo. La que no existe es ella.

El animal.- ¿Quién es ella? Desde el envés no veo.

Voz desde el suelo.- Ya sabes que yo nunca he logrado observarla.

(Dirigiéndose al público)

El animal.- Estamos todos muertos. Os lo aseguro a todos. Adivino los cuerpos, los ojos que se miran en mi inútil frío. Venid, acercaos un poco. Cometed la osadía de subir. Llegad al escenario de la vida. Mirad al animal que, aunque no existe, vive dentro de todos. Si no halláis ese algo que os falta en el rostro, arrodillaos. Está justo en el suelo. En el pedazo roto que es el solo que existe. Ahí, inconfundible despojado de todo, vilipendiado y sucio está lo que sí es. Daos prisa. Subid (De antemano, se ha advertido a siete asistentes que, cuando se les llame, suban al escenario). Pronto caerá la noche y la bombilla pasará a este no ser. Venid a mí. Miraos.

(Los espectadores advertidos suben al escenario y se miran. Uno, después de hacerlo en el espejo roto, se arrodilla y se acaba la obra.)