Sueño constructivo

 

         Detrás de cada logro para la mujer siempre hay una lucha que otras mujeres abanderaron. Tal fue el caso de la poco recordada Clara Campoamor, que consiguió el triunfo del sufragio femenino hace casi noventa años. Existen muchos casos de mujeres atrincheradas para la defensa de los derechos de la mujer en todos los ámbitos. Hemos sido víctima -y aún ocurre- de las desigualdades sociales, de la educación clasista enfundada en el asedio de los roles, de la cultura de la superioridad masculina... Y nuestro crédito para con el futuro debe asumirse desde el común arrojo de todos. Existe cierta condescendencia natural entre nosotras, así lo creo, porque desde siglos venimos asumiendo la ingratitud del mismo papel, el de eterna secundaria en una película creada por hombres.  No es tarde. Nunca lo es para las gestas donde se persigue el sueño de la igualdad. Utópico o no, desde nuestra pequeña parcela cada paso cuenta.

Agotan los juicios de valor que emiten los amigos de las verdades absolutas (profetas de la lucidez), los sobrenombres que con mala fe colocan a los manifestantes congregados contra la desigualdad. Dan verdadero miedo las banderas ondeantes y los himnos empuñados en defensa propia, la presunta inteligencia de un legislador pre juicioso y los kamikazes de la palabra que cruzan la mediana de las redes sociales a la velocidad de las ofensas. Pero cada paso a contracorriente, por pequeño que sea, cuenta. Hace algo más de tres años, un médico de sonrisa amplia me dio la enhorabuena: " Es una niña", me dijo. Asentí satisfecha. Supe que mis pasos valdrían por dos.