Coincidencias

 

 

 

            Las puertas son para ser abiertas y para ser cruzadas, dice mi amigo Enrique, entendido en el campo de las elecciones más íntimas. Pero más allá de éstas, nadie somete a referéndum los criterios del azar ni debe nunca menospreciar la gravedad o el peso de aquella decisión que un día tomamos en nuestra vida y que, fortuita o no, desembocó en un gran acierto o en pura catástrofe.

¿Pero cómo olvidar la controvertida vida de las coincidencias?. Ese eterno litigio entre causalidad y casualidad se desarrolla en los límites de lo esotérico, de lo místico, o de lo visiblemente invisible. Sin duda es fascinante moverse en la tierra de las cábalas, conjeturar sobre los presuntos alardes del destino o bromear con la santa providencia de las eventualidades expuestas al yugo de la razón o enjuiciadas por nuestra insana costumbre de explicar todo suceso. ¿Y qué son las coincidencias sino umbrales piadosos hechos de espacio y tiempo?. Los más románticos apelan no a un desliz de la casualidad sino a una botadura del destino, el desenlace programado por un fabulador dibujante de trazos definidos.  Aunque resulta tentador pensar que es azaroso el número de vagón consignado en el billete de tren, o el concreto asiento que te asignaron en el cine, siempre viene la sonrisa de un extraño a desmontarnos las premisas contemplativas de toda teoría fecundada en lo presunto.

Lo que pocos se cuestionan es la cantidad de aviones estrellados que ha perdido, los amores que nunca conoció porque tal vez prefirió matricularse en biología y no en ciencias de la información, porque aquél sábado que llovía decidió quedarse en casa en vez de ir a un tabanco con nombre de estación donde unos ojos que no le presentaron, celebraban su sed. Esa es la verdad más hiriente, nadie se inquieta por lo que no ha pasado porque desconoce el alcance de sus decisiones más cotidianas, olvidando que la soberanía de las coincidencias es un imperio misterioso del que, para bien o para mal, todos formamos parte. Porque en el fondo somos sólo un puñado de coincidencias consumadas en vísperas de otras nuevas.