APUESTAS

Concluye el presente año, de su vértigo hablarán sus sufridores. Y nuestra memoria paseará como un forastero a lo largo de los últimos doce meses como si fuesen doce habitaciones donde hemos reído, llorado tal vez, cantado, silenciado... Doce discursos de estación con prendas de temporada a hombros del almanaque. En la puerta de la nevera sollozan viejos posits con antiguas citas de dentista y anotaciones supurantes de existencia hueca. Se hace notar más el traspié de los borrones que aterrizaron en la agenda, encuentros aplazados con tempestades guardadas bajo sus alas, conciertos suspendidos o manchas de café y humo junto a fiestas de guardar y cumpleaños señalados en rojo en el calendario, tachaduras algunas con propósitos frustrados y otros conseguidos con el sudor de la voluntad, porque la voluntad suda, y mucho, su propia moraleja. Y de moralejas va, por cierto, el cuento que nos venden en vísperas de las uvas. En la sobremesa conciertan su avistamiento los nuevos inventarios, ideología de sonrisas, empresas de altas cumbres menos cubiertas de nieve. Todo vale como deseo para el año que se avecina. Es el sectarismo de lo utópico. Más allá de la purpurina de los escaparates, del celofán o de los embalajes de amazon, se abren como brechas los idearios, las apuestas, los libros por leer para crecernos, miradas a las que subirse en marcha, el misticismo de lo fantástico allá, en alguna isla donde los utopistas se vinculan al sol. Así sea, este nuevo año. Para todos.a vieja amiga-, no de todo se ha escrito todavía.