ROSA FABREGAT

 

          Rosa Fabregat es una escritora innata, escribe desde siempre. Era una niña cuando empezó a redactar sus pensamientos y eso hizo que sintiese la necesidad de reflexionar y replantear, de valorar cualquier acto y cualquier apreciación. Sentía placer al contar su entorno, su interior, sus circumloquios y sus conclusiones y, acertadamente, pensó que tal vez habría quien encontrase placer en leer lo que ella redactaba, así que con el proyecto de hacerse entender, ser amena y comunicar, depuró su lenguaje. Creo no equivocarme al suponer que esa depuración fue más un camino de perfección natural, un reto personal, que un deseo de gustar. Si hubiese actuado movida por esa pequeña y necesaria vanidad inherente a casi todos los escritores, habría publicado antes, mucho antes y su primer poemario no llegó a los lectores hasta 1979. La autora en ese momento tenía 46 años y vió su primera edición porque los versos que la formaban merecieron el premio Vila de Martorell del año 1978. Antes del premio, su nombre ya sonaba entre los aficionados a escuchar poesía. La autora acompañada del músico y tambien poeta Miquel Miquel y de la compositora Carlota Baldrís, pasearon sus creaciones por escenarios de toda Cataluña. Cuando llegó el premio, la encontró trabajando y fue en ese punto donde aumentó la cantidad de esfuerzo y placer. En aquella época, Rosa Fabregat no era un ama de casa dedicada unicamente a las tareas domésticas como una buena parte de la población femenina. Rosa cuidaba de la familia, dirigía y atendía la farmacia fundada por ella en el pueblo en el que vivía, Llorenç del Penedès, así como la librería de enfrente de la farmacia, creada también por ella para facilitar el acceso a la lectura a una población de mil habitantes a la cual le era complicado desplazarse a comprar libros a la capítal. Participaba y incentivaba la vida cultural local y comarcal y escribía. Escribía mucho y bien y además, sin ella saberlo, ni haberlo buscado nunca, era espejo y referente de las mujeres del entorno. La admirabamos reflexivamente, a sabiendas de que el camino elegido por ella era duro y no tenía porque ser gratificante, aunque estoy segura de que lo ha sido. Ella es de las que escriben para disfrutar.

          Llegó por casualidad a la pequeña población de la provincia de Tarragona, en la que residió casi dos décadas. La suya fue una casualidad de poeta, o sea, captó un detalle ínfimo, però bello, el puente sobre un torrente portador de poca agua, situado justo a la entrada del pueblo. Se desplazaba en coche por la carretera de acceso a Llorenç sin rumbo fijo, paseaba con el deseo de encontrar un lugar tranquilo donde establecerse, lejos del bullicio de la ciudad. Se enamoró del puente y de la silueta de casas con iglesia esbelta y castillo menudo y gordinflón. Preguntó por la farmacia. Es doctora en esa especialidad. Le dijeron que no había. Allí mismo decidió quedarse y dar a los vecinos ese servicio imprescindible. Anteriormente había vivido en Alemania, donde dirigió un laboratorio y en Barcelona, donde había cursado estudios y trabajado para ayudar a costearlos.

          En pocos días conoció a la mayoría de vencinos, se hizo muy próxima a todos y las gentes del lugar nos sentimos afortunadas por tener entre nosotros una farmacéutica abnegada, solicita, amable y con una gran formación laboral. Entonces descubrimos que, además, entre receta y receta hacía versos y que en horario no laborable escribía cuentos, novelas y artículos.

          Su temàtica es amplia desde la científica a la vindicación del sacerdocio femenino, pasando por el reconocimiento del valor del trabajo artesanal, dando preeminencia a la expresión de los sentimientos y las diversas formas de gestinarlos, siempre de manera inteligente y elegante, sin acercarse nunca a la sensiblería. Su producción es amplísima. Ha publicado diez novelas y un libro de cuentos, así como diversos poemarios, los cuales afortunadamente han sido recogidos en dos grandes volumenes, «Ancorada en la boira y Temptació de vol» en ellos podemos leer los versos escritos entre 1953 i 2012.

          La cerverina, la llorencenca, la barcelonina Rosa Fabregat, vive actualmente en Lleida, ciudad que ha sabido reconocerle sus méritos literarios, así como se los ha reconocido La Generalitat de Catalunya. El resto de poblaciones que han tenido la suerte de haberla contado entre su población, no han dejado de reconocer y recordar su gran labor literaria y su ejemplo como mujer comprometida con su tiempo y sus ideales. A quienes nos gusta leer, en las páginas que escribe encontraremos, sabiduría, sensibilidad, ternura, belleza, honestidad...y sobre todo hallaremos firmeza y convencimiento en los ideales escogidos con criterio.

 

                                                                                                                                          Nati Soler Alcaide.