EN EL PRINCIPI LA SET I LA SAL

 

          La dignidad es la única esperaza nos dice M. Carme Arnau i Orts y nos lo dice despues de habernos demostrado la necesidad de sentir sed. Nos lo cuenta en versos tan  libres como la asociación de lo recién leído con lo leído y contado de antíguo. «En el principi la set i la sal» me ha hecho pensar en el Génesis y en la génesis, en el libro bíblico y lo afirmado por los científicos. Incluso he pensado en algo más cercano y entendible, me ha hecho pensar en la gestación de una vida. Anuncia la sed, esa gran sed en la que Vinyoli fue experto, esa sin la cual no seríamos nada, sin ella no existiríamos. Es la sed que enciende el sistema, la que da cuerda a los planetas, al deseo y a los cuerpos, esa necesidad de infundir vida que nos hace sentir dioses, esa necesidad de aprender, de avanzar, de ignorar el  yo, convirtiéndonos a nosostros mismos en sed y hacer que ella sea el principio básico con el que adentrarnos en la caverna de Platón para reconocer nuestra incapacidad de distinguir certeza de sombras. Su palabra nos acompaña a través de la vulnerabilidad, de las flaquezas, de los temores, de los sueños maltrechos. Nos conduce hasta el conocido final, con dolor, sin dramatismo ni expectativas desmesuradas, lo hace afirmando,   que la dignidad es la única esperanza y que el poder la cautiva. Conclusión aplastante, sintetizadora de lo que podría ser un arduo tratado de pensamiento.  Pero ella escribe poesía y la escribe desde hace mucho, lleva ya muchos libros publicados y muchos reconocimientos merecidos recogidos. No se limita a aprovechar la chispa de la inspiración y servírnosla como una fruta sabrosa y fresca. La poeta valenciana elabora cada verso, lo teje con minuciosidad y sobre todo, reflexiona desde todos los puntos de mira possibles, para servírnoslo, luego, con un esmero impecable.

          Leyéndola veía imágenes bellísimas. Eran las imágenes que, en este caso convierten  al lector en creador. La autora no se limita a describir un entorno, consigue que quien penetra en sus versos imagine un escenario partícular y genuino, distinto en cada relectura que hagamos de ellos. He dicho relectura y ese acto suena a recuperar un pasado sometido a un interrogante personal, debo aclarar que mis relecturas del último poemario de M. Carme Arnau i Orts estan separadas por unas horas. Leo sus versos, imagino. Su voz poética se transforma en color y trazo en mi memoria y instintivamente, al cabo de poco, vuelvo a recuperar poemas para seguir pintando dentro de mí lo que jamás sabré pintar porqué mi destreza manual me impide captar lo que mi mente crea al son de los poemas. Leerla es recrearme en el sentido más amplio. Me hace sentir creadora íntima e invisible y  a la vez me deleita.

          Como todo buen escritor nos coge de la mano para guiarnos por su obra, nos la cuenta, nos la muestra y hace que seamos nosotros, los lectores,  quienes la descubramos. Elige alguno de sus grandes instantes y lo convierte en referencia, uno de los muchos es la luz desprendida por la sal, tantas veces como la hemos visto y posiblemente tan pocas como hemos reparado en ella. La luz es el elemento crucial y nuestra disposición para percibirla, el atributo que nos acerca o aleja de la sabiduría.

          La sal que forma parte del título editado por Meteora, aparece en dosis pautadas, porqué ella es la desencadenadora de la sed vital que nos hace benignos o que puede convertir nuestra existencia en un pavoroso caballo desbocado. Con el  adictivo sabor de la sal desleiéndose en la niebla, llegamos al final del poemario  y la poeta nos sorprende con una última aseveración, en apariencia diáfana, pero  de una profundidad tal, que nos incita a hacer el gran viaje, aquel que con demasiada frecuencia dejamos pendiente a causa del miedo, aquel que nos penetra hasta lo mas hondo del propio ser.

          Estoy segura de que este poemario llegará a muchos lectores, però yo le deseo más todavía, para conseguirlo estaría bien pasarlo a otras lenguas. Recomendar su traducción es una buena recomendación, Os la hago.

                                                                              

                                                                                                                                                             Nati Soler Alcaide