EL LIBRO COMO VIAJE

Un viaje - Dice en su diccionario de símbolos, el poeta y escritor Eduardo Cirlot- no es nunca una mera traslación en el espacio, sino la tensión de búsqueda y de cambio que determina el movimiento.
De modo que estudiar, investigar, buscar, vivir intensamente lo nuevo y profundo, son modalidades de viajar según esta terminología.
Una reflexión que de inmediato me lleva por asociación a un invento maravilloso, un objeto que siempre me ha fascinado y acompañado desde mi más tierna infancia y que no es otro sino El Libro.
Son sus alas de tinta mi codicia. Este es el primer verso de un soneto que hace casi 20 años escribí invadida por un enorme sentimiento de gratitud, refiriéndome al Libro.
Y al decir “Alas” y al decir “Tinta” ya estaba expresando, aun no siendo apenas consciente de ello, esa misma idea: La maravillosa capacidad de viajar que sin moverme de casa, mi alma experimentaba a través de las páginas de un libro.
El telescopio es una extensión de la vista, el arado, y la espada, son extensiones de los brazos -Dice Borges- pero un libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.
La Memoria y la Imaginación…. ¿Imaginemos que sería de nosotros, los seres humanos sin la extensión de estos dos elementos tan sumamente consustancial a nosotros mismos?

El conocimiento nunca ha estado tan al alcance de todos como lo está ahora. En la Edad Media antes de que Gutenberg inventara la imprenta, la sociedad era en su mayoría ágrafa. La mayoría de la gente no sabía leer ni escribir, estando el conocimiento reservado para los monasterios y solo para unos pocos privilegiados que lo guardaban celosamente.
Los libros me enseñaron a pensar y el pensamiento me hizo libre- dice el poeta Ricardo León.
A veces me pregunto si en realidad somos conscientes de todo ello. Si somos conscientes de todo ese valor incalculable que posee el libro en el formato que sea.
En mi caso solo puedo decir que el libro ha ejercido y ejerce sobre mí una inexplicable atracción muy difícil de definir.
A veces me gusta imaginar que en otras vidas pasadas yo fui una guardiana de libros. Imaginar que en esas sucesivas vidas, tuve entre mis manos antiguos pergaminos. Códices, papiros, que acaso hubiera rescatado del fuego y la barbarie.
Esos pensamientos me vienen cuando de pronto a mis manos llegan, sin saber cómo, libros muy antiguos Y valiosos que, sin yo buscarlos, sin yo pedirlos alguien me los confía para su custodia, haciéndome nuevamente partícipe de esa idea, esa otra modalidad de viaje – que dijera Cirlot- vinculado a ese vivir intensamente lo nuevo y profundo.