Cuando la soledad no lleva nombre de mujer

 

Estamos en la era de la comunicación con medios que permiten estar conectada con familiares, amigos o conocidos en un instante, sea telefónicamente, mensajería instantáneas, redes sociales, Internet y todo aquello que va surgiendo cada día, para hacernos más presente en la "sociedad virtual". A pesar de todo lo expuesto, existe en nuestra sociedad un grave problema; la soledad.

Parece que la soledad es un problema que todo el mundo sabe que existe pero no se le da la importancia que tiene. En realidad es un problema que puede afectarnos a todos nosotros o a nuestro entorno, reduciendo la calidad de vida de alguien que nos importa. En definitiva la soledad es un problema social y de salud pública cada vez más preocupante debido, en parte, al incremento de la esperanza de vida en España y al aumento de personas que viven solas.

Según datos del INE, dos millones de españoles mayores de 65 se encuentran en situación de soledad. Las más afectadas en este escenario son las mujeres, el 71,9 %, cuyo perfil es de edad avanzada, bajo nivel formativo, escasos ingresos, no disponen de pareja y viven solas. La mayor esperanza de vida de nuestra sociedad provoca además que aumente cada año significativamente el número de mujeres muy mayores, de 85-90 o más años, que viven solas. Así, casi la mitad de las mujeres con más de 85 años vive sola (el 41,3 %).

El motivo por el que las mujeres se ven más afectadas está vinculado a la desigualdad de género que estas sufren en la tercera edad, con una educación tradicional basada en un reparto desigual de tareas, la asignación de roles y estereotipos de género, la falta de acceso a trabajo remunerado o las dificultades de acceso a la educación.

Las enfermedades que provoca la soledad son diversas, tanto mental como física. Aumento de la tensión arterial, problemas cardiovasculares, problemas de insomnio o problemas como la depresión. Además, la soledad está vinculada a un riesgo más alto de padecer demencia y Alzheimer, debido a la ausencia de relaciones personales y a la poca actividad que realiza el cerebro en estos casos.

Los elementos que influyen en el aumento de la soledad de nuestros mayores son diversos, como son los cambios demográficos en la sociedad actual, la tasa de natalidad o el incremento de la esperanza de vida; también el trasvase de población del ámbito rural al urbano.

Otros suelen ser los cambios sociales con el surgimiento de nuevos modelos familiares, la crisis en los sistemas de cuidados, la desprotección familiar y las dificultades para conciliar vida familiar y social.

Llegado a este punto hay que puntualizar de personas que viven solas y  de personas que se sienten solas. Hablamos de soledad cuando no es escogida y a la carencia de compañía se le suma el sentimiento subjetivo de no tener a nadie, de tristeza, de vacío.

La concienciación desde la educación escolar sobre la soledad y su impacto en la sociedad es una de las medidas que se pueden ir ya implantando. Otra son los movimientos sociales y comunitarios, como son los grupo de vecinos formado en algunas ciudades y edificio conectados a través de una aplicación móvil, donde se coordinan para ayudar y hacer compañía a vecinos de avanzada edad.

Además estas aplicaciones llevan a cabo eventos y acciones para enseñar a las personas mayores las actividades a las que pueden acudir en sus barrios y para involucrar a los jóvenes en estos movimientos de convivencia social. Cosas tan simples como poner una mesa en la esquina de una tienda donde cada mañana se reúnan un grupo de viejas amigas para hablar.

En una sociedad cada vez más envejecida como la española, que ya tiene una pirámide de población invertida, esta última idea de la convivencia entre generaciones es fundamental para la prevención de cara al futuro. Los datos apuntan a que la mayor parte de nosotros acabaremos viviendo solos. De ahí, la necesidad de desestigmatizar la soledad y de aprender a vivir con ella, pero no sin intervenir —a través de la generación de redes y movimientos sociales, y de la eliminación de la exclusión social— en aquellos casos en los que sea necesario.