LA SOCIEDAD COMO PUNTO DE PARTIDA

 

Desde que Gaspar Campuzano (actor y fundador de la compañía de teatro, La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía la baja) se pusiera al frente en 2006 de la compañía independiente, Tras el Trapo Teatro y que a partir de 2012 se centrara más en dirigir la compañía, Jerez y sus ciudadanos tienen la suerte de que haya personas que fomenten la cultura, el pensamiento y la actividad artística, porque como dijo Lorca “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo[…]” y aunque a la mayoría de los jerezanos les cueste el tema cultural y aún más ir al teatro, somos muchos los que valoramos y decimos con la boca abierta que en nuestra cuidad hay, al menos, dos compañías de teatro independiente que salen de la cuidad, ganan premios y son reconocidas hasta en Hispanoamérica.

La última obra en entrar en el repertorio es La mar de lejos en 2018, que actualmente la están representando y que el próximo 4 de octubre estarán presentándola en el XIX Festival Iberoamericano de Teatro Contemporáneo de Almagro y que el pasado 4 de septiembre tuve el placer de verla en los jardines del Palacio del Virrey, donde de vez en cuando se celebran cosas culturales. Es una obra escrita de manera colectiva e inspirada en el libro El maestro Juan Martínez que estaba allí, de Manuel Chaves Nogales.

La mar de lejos supone el enfrentamiento que tienen los artistas ante la sociedad, en este caso llevado a un tiempo de guerra, aunque esa guerra puede ser cualquiera, tanto un tiempo inestable culturalmente, como es la guerra cultural que vivimos, así como la guerra personal que pueden estar combatiendo interiormente cada uno de ellos, pero es cuando actúan cuando tienen que adentrarse en el personaje que van a representar y olvidar todo lo que pasa alrededor y en su interior.

Tras el Trapo Teatro, al igual que La Zaranda son compañías que escriben sus textos y que tienen un mundo metafórico grandísimo, donde cada réplica, cada guiño, cada atrezo, cada repetición de palabra, cada pieza musical está buscada al milímetro para llevar al espectador hacia su horizonte de expectativas. Nos están acostumbrando a no pensar, a creer que haciendo teatro evidente y claro nos están ayudando, pero es totalmente al contrario, habrá compañías que llenen teatros pero están perdiendo la esencia, ya que el teatro tiene que remover conciencias, tiene que ser un grito en la oscuridad y ante todo tiene que ser comprometido con la sociedad en la que vivimos. Está claro que Gaspar Campuzano, así como las actrices que componen la compañía,  María Duarte y Ana Oliva tienen muy clara esa idea, no quieren hacer un teatro donde se distorsione la realidad que quieren contar, sino hacer un teatro donde está implícito el mensaje, donde el espectador tenga que pensar, un teatro que, tal vez, no esté hecho para todos, que, tal vez, no llene teatros enteros pero que su esencia no la pierde, no se trastoca con el fin de ganar dinero, ahí es donde todo cambia, donde el teatro se convierte en bestsellers y deja de tener su función crítica.

Actualmente, es muy difícil encontrar obras de teatro que te llenen, que te pongan la piel de gallina que no pierdan el para qué fueron creadas, pero este no es el caso de Tras el Trapo ni de La Zaranda, entiendo que las compañías quieren tener éxito, que se acaben las entradas en preventa, pero también pienso que a las personas no hay que darles todo masticado, enseñando cosas pasadas actualizadas para que lo entiendan, así es como se está formando esta sociedad borrega, inculta e impasible. Sé que hay que elogiar el trabajo de aquellos que intentan que el teatro lo entienda todo el mundo, que llegue a todos y que divierta, pero desde mi punto de vista, todavía hay que elogiar más a aquellos que luchan contra corriente, que no hacen teatro comercial y que lo que representan está elegido siempre desde el compromiso social y ético de la compañía.