ANAÏS VERA

 Jaula Azul me pidió los datos biográficos para documentar mi columna.

––¿Tengo que decir la verdad? ––pregunté ingenua.

––La verdad, solamente la verdad y nada más que la verdad ––me contestaron golpeando el mazo trinitario.

"¡¡¡Serán mamonas...!!!", pensé yo.

Confieso que me sentí desolada y a punto de renunciar por esa trinidad impuesta; pero me recuperé pronto gracias a mi antiblobía declarada (si algo caracteriza a las blobas es su capacidad de simular y mentir más que nadie en el mundo), así que pensé que debía comenzar con buen pie y no incurrir nunca-nunca en la mentira. Comienzo pues confesando la verdad sobre mí:

¿Fecha de nacimiento? Digamos que estoy entre edad pandilla y edad pastillas. Además, la edad no se pregunta, ¿no? No voy a ser una bloba más quitándome años; prefiero no confesar la edad que tengo, que mis años me ha costado llegar a lo que soy. Basta con que miréis mi foto, que una imagen vale más que mil palabras (cursilada de blobas que no volveré a repetir más, palabrita).

Disponéis de mi foto para conocerme, aunque estoy un poquito retocada… pero ¿quién no lo hace hoy en día? En realidad, esta foto es la versión que guardé justo antes de que el photoshop se pusiera en modo vetealaporra por mis arrebatos retoquiles. Confieso pues que no soy exactamente la de la fotografía, pero he quedado resultona ¿a que sí?

En ningún título universitario veréis mi nombre, Anaïs Vera. ¡Ya me gustaría a mí! Pero para tranquilidad de mis lectoras, debo decir que he aprendido en la universidad de la vida (esa cursilada se lo escuché una vez a una amiga a punto de convertirse a la causa antibloba, así que la podré repetir, ¿no?). Pues eso, que para escribir Bailando con blobas me impulsa el deseo de transmitir todo lo que he aprendido en la universidad de la vida.

Nota importante con intención de disuadirles de leer las reseñas de Bailando con blobas: Si me dedico a escribirlas se debe a los escritores blobos.

Es un proceso que no falla. Asisto a las presentaciones de sus libros-ladrillos, que para eso son blobos. En las horas de postpresentación, una vez desembarazados ambos de las blobas que como moscas pululan sobre el blobipastel, no falla que el escritor blobo me regale su libro una vez que las consumiciones empiezan a hacer su efecto. Inevitablemente, por la mañana o al día siguiente, recibo un mensaje o un wasap suyo: “Me lo he pasado genial, ¿quedamos esta noche?” (eso de que se lo ha pasado genial es una cursilada de blobos; se sobreentiende que yo también me lo he pasado genial, pero una no se acuerda ni de lo que hemos hablado tras el segundo cubata ni de lo que ha sucedido luego).

Les contesto que sí.

A ver, los escritores blobos son como la mayoría de los libros. Sirven para entretenerte un rato, pero basta con una vez. Como mucho, un repaso o dos, para que te empapes de todo lo que te puedan dar (me sorprende cuánto en un momento).

Llega puntualmente y me trae de regalo un libro para impresionarme. “Es un libro que estaba leyendo y pensé que…” Son libros muy buenos e importantes, de esos sobre los que te preguntan luego en el Pasapalabra.

¿Qué ocurre luego? ¡No hagáis preguntas blobas!

Conformaos con leer la reseña de esos libros.