DESDE QUE EL MUNDO ES MUNDO

   Nada impide que nuestra voluntad de vivir flaquee y acabemos sucumbiendo de muerte inesperada. ¿Cuántas veces has muerto desde que el mundo es mundo?

 

   Cuando ya no hay hambre que comer , ni risa o llanto que digerir, la vida se transforma en materia de naufragio. Tanta angustia se almacena en el canasto de lo absurdo que resulta imposible llevar a cuestas la ruma de desaliento. Invencible amor éste que nos impele a pervivir sin esperar recompensas a cambio.

 

   Un camino desdibujado nos aguarda libre de prisiones para convertirnos en equilibristas de la ingenuidad. Sostenemos en ambas manos el mismo pesaje, una idéntica carga : en una mano lo vivido y en la otra mano, lo olvidado.

 

   Hay formas que nacen de la misma fiebre de morir, de la esencia demoníaca del frío o del miedo atrapado en la mudez. Pero el donaire y la ligereza del ser libre se originan en los asilos del desahucio donde mueren, refugiándose, los sueños.

 

   Después dirán que sangramos por capricho, que las heridas son reflejos espejados y que la muerte es apenas sombra de una sutil invención. ¿Cuántas veces has muerto desde que el mundo es mundo?  El milagro de la luz y sus colores de nada sirve frente a unos ojos cerrados. Someter la luz de la luz bajo la falsedad de la mentira, es un trabajo que alumbran los necios para asombrar, esporádicamente, a los sabios. Pero en el fondo del abismo hay un tragaluz de espejos que te mira desde abajo; cuando miras allí, tú no ves nada.

 

   Sólo queda el yo, expectante, observando cómo el mundo ha dejado de ser mundo.