El caos sigue intacto

 

Cada noche, después de enterrar al sol,

las mujeres regresamos a casa, con el alma enjaulada,

para seguir construyendo castillos de arena.

 

Mujeres como sombras,

madres, libremente esclavas,

que decidimos apartarnos, para que otros avancen

mientras siguen ardiendo nuestras pupilas

al parir, con dolor, sueños celestes.

 

A diario aseguramos nuestras cadenas

y fabricamos armas para salir de noche a cazar luces

con un as de luciérnagas debajo de la falda.

Mujeres que gritamos en silencio

mientras limpiamos nuestras huellas

para no levantar sospechas

de lo lejos que llegaríamos, si nos dejaran.

 

Creednos cuando os decimos que somos nosotras

las que le ponemos rímel al ojo del huracán,

las que naufragamos en mares de acuarela.

Que, aunque la muerte nos ronde más

que en cualquier guerra declarada,

nos sigue creciendo, en silencio, la raíz.

 

Que, mientras vemos alejarse a nuestros horizontes,

amamantamos tiburones sonámbulos,

que al final, lo que importa es que el caos siga intacto.