¿Cuánto vale una vida?

¿Cuánto? ¿Cuánto vale una vida? Me formulo esta pregunta a menudo y nunca consigo una respuesta convincente. Afirmar que la vida no tiene precio sería una afirmación excesivamente cándida. Muchos se apresurarían a rebatírmelo, argumentando que si hablamos en términos económicos, que parece ser lo que interesa, ninguna vida se cotiza por igual.

Recientemente, visitando la web una conocida empresa de seguros, me sorprendí delante de un simulador que calculaba en pocos minutos, cuál es el valor de cualquier vida, en euros. Se le pone precio a un secuestrado cuando se conoce que detrás hay una familia pudiente que está dispuesta a negociar. Si la justicia lo determina, se obliga a los responsables a indemnizar a las víctimas de un accidente. Sin embargo, por una vida estándar y anónima nadie apostaría ni unos céntimos. Hoy en día casi nadie valora los sentimientos, que por otra parte, nos llegan programados desde muchos medios, listos para ser exhibidos en todos los escaparates.

Hace unas semanas, leyendo el periódico me encontré con una noticia espeluznante: en Kazajstán dos médicos han sido acusados de dejar morir en la morgue a un bebé que se movía, alegando que ya tenían el trámite hecho y que corregir el error introducido en el ordenador era algo que suponía demasiado papeleo.

Me horrorizaba continuar leyendo, pero lo hice. Quizá con la esperanza de poder acercarme, un poco más a esa respuesta que llevo tanto tiempo esperando. ¿Cuánto? ¿Cuánto vale una vida? Uno de los médicos ordenó que el pequeño -calificado como fallecido-fuese introducido de inmediato en uno de los contenedores fríos de la morgue de su hospital (en Atyrau). Lo más grave del caso, según apuntaban los fiscales, es que lo hizo a pesar de que movía una de sus piernecitas.

Las autoridades descubrieron el escabroso asunto tras pincharle el teléfono al médico jefe Kuanysh Nysanbaev, que estaba siendo investigado por un caso de soborno. De momento se desconoce la identidad del segundo acusado.

El único error de esta indefensa criatura fue nacer en un momento desafortunado. Quizá quien ordenó el registro negligente en la lista de los neonatos fallecidos había pasado una mala noche. Puede que el bebé intentara llorar, o gritar, pero no lo logró. Tan sólo alcanzó a mover una de sus tiernas extremidades. Alguien se dio cuenta de tan significativo detalle, pero en lugar de actuar con urgencia, decidieron hacerlo conforme a la documentación ya emitida (puede que aquella noche en sus casas, les estuvieran esperando para cenar o que tuvieran una cita importante).

Hace unos días vuelvo a tropezarme con otra noticia espeluznante: en un polígono industrial de Grays, en el condado de Essex (Reino Unido), han hallado 39 cadáveres en el interior de un camión frigorífico. Las autoridades han declarado que el proceso de identificación de las víctimas va a ser largo.

En este punto de la noticia la sangre vuelve a helárseme, mientras regresa la pregunta ¿cuánto? ¿cuánto vale una vida? me sigo cuestionando, con el frío calando ya en los huesos… Una vaga respuesta asoma: nada, una vida no vale ni lo que cuesta una hoja de papel. Parece ser que muchas vidas tampoco valen gran cosa.

© Laura Santiago Díaz

 

https://www.abc.es/sociedad/abci-dejan-morir-morgue-bebe-movia-porque-tenian-papeleo-hecho-201910051153_noticia.html