La pobreza, una enfermedad de transmisión sexual Abro el periódico. Cierro los ojos. En España la miseria es ya una enfermedad hereditaria, como la diabetes o el asma. Otro informe de Cáritas indica que ocho de cada diez niños nacidos en una familia pobre, cargará con el cromosoma de por vida. Un diagnóstico precoz conseguiría frenar las graves secuelas, pero en nuestro calendario oficial de vacunas, no se recoge ninguna contra la exclusión social. Tampoco la detecta la prueba del talón, ni la cura la aspirina. La investigación se centra en la transmisión del gen de la pobreza dentro del núcleo familiar, y, el grupo de mayor riesgo es esa tostada quemada que nadie quiere comerse: la familia con hijos a cargo. La familia no es cool y nuestro sistema de impuestos y prestaciones ha sido, y es, uno de los menos efectivos en la redistribución de las rentas familiares de la Unión Europea. El pronóstico es desolador. Cada vez son más los niños que vienen con un carné de pobre bajo el brazo (lo del pan ya es historia). Para quienes lo padecen desde la cuna, el futuro ya no es una promesa, sino una amenaza. El bajo nivel educativo, la precariedad laboral o una renta insuficiente son algunos de los factores que propician la transmisión de esta dolencia congénita que, si no se trata a tiempo, puede dejar secuelas irreversibles. Y es que algunos, no sólo se hacen pobre, sino que nacen. C'est la vie. Algunos tienen la suerte de heredar grandes fortunas o un puesto en una empresa, mientras que a otros les toca la artritis reumatoide, heredada de la abuela o, lo que es peor, la pobreza, ese mal endémico que ahora en España parece ser rentable. La miseria se hereda, y, ¿quién sabe? si se le puso un impuesto al sol a nadie le extrañaría que pronto se aprobara el ‘impuesto de transmisión de la pobreza’. Y es que, como dijo Gabo en boca del general de El otoño del patriarca, “el día en que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo”.