EL VERDE NO ES SOLO UN COLOR

El VERDE pudiera ser considerado un elemento más, en el sentido oriental de elemento como tipo de energía, no solo como un estado de la materia.

Si cuentan que los átomos de una persona proceden del Big Bang, de las supernovas de estrellas masivas, de la explosión de enanas blancas… Cuál será el origen de los pigmentos que componen la paleta de la naturaleza. Cómo habrá sido la nucleosíntesis de la malaquita, la tierra de Bohemia, la verde tierra de Chipre y el Viridián utilizados por los artistas con las clorofilas y carotenoides proporcionados por la tierra para dar lugar a la verdura universal.

En una sinestesia ágil puedo unir

el rumor del río en las hojas de los bosques de ribera;

el apacible tapiz de las campas norteñas (ese tacto suave que invita a tumbarse, a rodar, a dejarse ir … en su humedad, en su vivir en calma);

el regusto dulce de la hierba fresca (como el libar infantil de las flores de madreselva que cubrían las tapias: ese buen sabor que nos protegerá de las amarguras futuras);

ver las nubes a través de las hojas, el envés de las cosas, la otra forma de mirar: “Saber ver, en los nervios de una brizna de hierba, el mapa exacto del universo” que decía Machado

o el placer de alejarse con el verde en los ojos atravesando túneles de luz, esos bosques-pasadizos cuando viajas en tren por el norte, cuasi portales a otras dimensiones…

Metidos los ojos por el verde, zambullida la mirada en su espíritu vegetal

y renovar nuestro sí de amor a la lluvia cuando el agua caída durante el invierno se hace brote, vigorosa carne en la biopalabra latina virere que da origen a nuestra forma de nombrar a ese color.

El verde y sus matices

son la herramienta precisa que puede llenar el centro de cada instante.

Buscándole la carne al hueso.

 

Verdoso. Verduzco. Verdeagua.

Ambrosía. Menta. Pasto.

Verdear.

Verdecer.