ARENA EN LOS BOLSILLOS

Llevo arena de playa en los bolsillos.
Tierra menuda, arena de metralla, cascarón
de huevo triturado mezclado con harina
de freír camarones y hacer tortillas.
Llevo un dolor cansado mezclado con arritmias,
caparazón molido de cangrejo
de la isla a la que nunca me llevaron mis fantasmas.

Llevo encajes de bolillos, blondas y artesanías,
bordados finos, juegos de sábanas de lienzo,
de hilo y tejidos de delicada seda.
Llevo mantones de Manila,
tiros de gracia, versos de guerra,
cuentos de hadas,
canciones para dormir a una cigarra ciega.

Llevo de todo.
Como todos los que andamos por el mundo
llevo piedras en los zapatos que me oprimen el alma.
Llevo libros prohibidos, guantes sin dedos, uniformes,
calaveras de bronce, cruces gamadas.

Llevo falda, calcetines, trenzas de niña buena.

Mastico piedra verde de pirita,
aspiro el hondo perfume de la tierra
y tropiezo contigo cuando me escondo de ti.
Es soberbia la calidez del trigo con que amaso
la vida que me queda.
Quiero sentirme fuerte cuando llegue el invierno
y entera cuando mi vida se parta en cuatro partes.
Mitad memoria - mitad olvido.
Mitad nostalgia - otra mitad tristeza.

Llevo arena del Odiel en los bolsillos,
de una playa amarilla sin niños ni banderas.
Llevo un sueño infinito de arcilla moldeable
en la que quiero ser cuna y niña y madre
y volver al origen del vientre de los saurios,
parir en el estanque redondo de la luna,
llevarme a mí misma de la mano
y, sin mirar atrás,
              ir subiendo
                     despacio,
                              hasta
                               el final,
                                la cuesta.

Del libro inédito Arena en los bolsillos 
© María Dolores Almeyda