MEDIODÍA EN LA PLAZA

Lo que puedo contaros
es todo lo que sé desde el dolor
y eso nunca se inventa.
Javier Egea

 

El agua de la fuente cae a borbotones repetidos,
como la vida cuando te ofrece con su mirada más íntima,
una nueva oportunidad. A cientos, otros sentidos para salvarte.

En la elección está escrito el presente.

Mañana nunca llega a tiempo para felicitarnos.
Pepito Grillo ya no está.  Le dejaste marchar.
[Quiero decir, que le dejé marchar]
Ahora sólo estás a solas contigo, las opciones,
la vida sangrando, y tú. [Yo, quise decir].

Una mujer vestida de primavera, como la fuente
que deja caer en su gorgoteo los párrafos del día transcurrido;
una mujer, digo [quiero decir], de elegancia aprendida
y grises sonrisas, simula controlar el espacio que la abotarga.
Un hombre la espeta, alecciona y aprisiona con gestos, y palabras.
Su universo azul hace tiempo que navega entre lodos y lágrimas.
Yo me sonrío. Sí. Al fin los signos se hacen visibles para mis duelos.

La plaza al mediodía, antes limpia con silencios
de luz y agua viva, parece ahora una algarabía celebrada
de voces y humanidad perdidas que no calcula
hacia dónde dirigir la herida. Cada cual dibuja su espacio.
Yo sigo ajena a este momento. Me obligo a ello.

Mi elección, hoy, ha sido regalarme lo que mis latidos
me permitan en esta plaza, en este día, ahora mismo.