LLUEVE

Llueve en blanco y negro sobre la ciudad.
Llueve y se mojan los nardos tempranos.
Los sueños resbalan vertiginosamente
por los cristales de mi salón
y observo cómo pesan las gotas
sobre los débiles pétalos de mis geranios.

Allá, lejos, el agua anega
los campos de almendros en flor.

La primavera no se detuvo
a esperar la calidez del sol
en las tardes de marzo.

Llueve a cántaros
y esta lluvia sin ritmo de abril,
empapa la ropa tendida
en la azotea de enfrente,
como si no importara la vida,
ni los silencios, ni respirar,
ni tú a mí, ni su sonrisa inocente
al aire de mis abrazos.

Como si no importara nada,
llueve esta noche en mi ciudad.