Y LA PRIMAVERA ¿A DÓNDE FUE?

Te fuiste sin preguntarme
hacia dónde iré,
y si acaso las nubes
robarían un poco de tiempo al sol,
antes de que la noche,
junto a la luna y dos olas nacientes,
se preguntara por qué.

Yo te esperaba

-te esperé-
sentada en la orilla,
embriagada de sal y azul,
tal y como quedamos ayer.

Nuestra brújula marcaba
norte y sur a la vez.

Y ahora vuelves.

Has vuelto con la mirada perdida,
en un llanto afligida,
y tus manos agrietadas y marchitas
por haber amado
a quién nunca debiste querer.