NOCTURNIA

Sobre el viejo torreón del palacete
cae limpia y clara la noche.

Las primeras lunas llenas de verano
llegan, como cada año, iluminando
los besos de los enamorados.

Aquí no hay mar, ni orilla,
ni olas que acunen mi llanto.

Entre los árboles se alza mi fiel vigía.
Y cuando la noche atraca en mi puerto
de luces urbanas, bloques de cemento
y hormigón de silencios armado,
solo él reconoce, 
entre los últimos cantos de los pájaros,
mi lamento.

Hoy mi mar navega lejos.